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GRITANDO
EL EVANGELIO
Año Nuevo
El Honorio llegó temprano al pueblo.
Aprovechó el fresco del amanecer para salir de la isla. Venía a ver a la abuela que andaba medio achacada.
Ella lo había criado y por nada del mundo la abandonaría.
Además debía hacer alguna provista en el almacén.
Vio que la puerta del Templo estaba abierta y entró.
Tomó con sus dos manos el sombrero de ala ancha.
Y se arrimó hasta la imagen de Jesús.
Lo sorprendió la escena del Nacimiento.
Allí estaba el Hijo de Dios recién nacido.
Chiquito como su bebé que había dejado junto a su madre.
Se enterneció del todo frente a esos pastores del Pesebre.
Qué alegría habrán tenido de ver a ese Niño recién nacido.
Un Niño repobre como él, junto a María y José.
El Honorio se arrodilló lo más cerca posible.
Tiró su mano hacia la imagen del Niño Jesús.
Lo tocó con mucho amor y le pidió su bendición.
Quería llevar en su mano la bendición de Dios para su bebé y su esposa.
Qué mayor gracia que esa estaba a su alcance.
Y, con una felicidad incontenible, salió del Templo.
El sol le dio en los ojos humedecidos por las lágrimas.
Para él era la mañana más feliz de su vida.
Dice el Evangelio:
“Los pastores fueron rápidamente y encontraron
a María, a José y al recién nacido envuelto en
pañales y recostado en el pesebre”.
San Lucas 2, 16-21
¿Cómo descubrimos a Jesús en la vida de cada día?
¡FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS!
Hasta la próxima.
P. Aldo Martíni
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