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ALGO PARA PENSAR
MEDIO PAN Y UN LIBRO
por Federico García Lorca - Rev. Flia. Cristiana 11/11
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “LO que le gustaría esto a mi hermana, o a mi padre”, piensa y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Esta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeña y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es la vida, bondad, serenidad y pasión. Por eso, no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos...
No sólo de pan vive el hombre. Yo si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino medio pan y un libro. Y yo critico a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen de todos los frutos del espíritu humano, porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede clamar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansias de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que deberían los pueblos pedir como piden pan o anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la Revolución Rusa, mucho más que Lenin, estaba prisionero en Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “¡Envíame libros, libros, muchos libros, para que mi alma no muera!”. Tenía frío y pedía fuego, tenía sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser “cultura”, porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
Hasta el próximo número
Lic. Nilda Edis Martinazzo
Miembro de GEPLAVI
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Email: ocampense
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