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Una azarosa libertad de prensa
(Der "La Voz del Interior") La
organización internacional no gubernamental Reporteros sin Fronteras
(RSF) ubicó a la Argentina en el puesto 43, sobre un total de 139
países, en el primer ranking mundial que ha elaborado sobre la libertad
de prensa. La evaluación fue realizada sobre un cuestionario de 50
preguntas enviado a periodistas del mundo entero, que tienen conocimiento
directo de las posibilidades concretas de ejercer su profesión sin
restricciones, presiones o amenazas. Entre los principales problemas que
deben afrontar los hombres de prensa se cuentan el asesinato, el
encarcelamiento arbitrario, la censura en sus distintas manifestaciones y
la calificación como delito de expresiones orales o escritas que
perturban la omnipotencia de los gobiernos, entre otras. Un ejemplo en
este sentido lo ofrecen los Estados Unidos, país que suele ser presentado
como paradigma de la libertad de prensa. Según los periodistas
estadounidenses consultados por RSF, ese derecho reconocido por la
Constitución es vulnerado en la práctica, sobre todo a partir de los
atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001. De ahí que haya sido
ubicado en el puesto 17 del ranking, porque varios hombres de prensa
fueron encarcelados por violar los perímetros de seguridad de
determinados edificios oficiales. Otro grupo numeroso de periodistas ha
sido encarcelado por orden judicial, porque se negaron a revelar las
fuentes de informaciones cuya publicación originó procesos judiciales.
Como es sabido, la prerrogativa del periodismo de no identificar a sus
informantes es una de las principales garantías de la libertad de
expresión, criterio que, al parecer, no terminan de comprender los
magistrados de ese país (ni de muchos otros, según la alarmante
frecuencia con que se producen episodios de esa naturaleza). Los cinco
países mejor considerados por los reporteros son, en su mayoría,
escandinavos: Finlandia, Islandia, Noruega y los Países Bajos. El
quinteto se completa con Canadá. En los últimos cinco lugares se ubican
Bután, Turkmenistán, Birmania, China y Corea del Norte, posiciones
previsibles en la mayoría de los casos. El mediocre puesto conquistado
por la Argentina en materia de respeto a la vigencia de la libertad de
prensa sólo puede sorprender a quienes tienen una visión superficial del
problema. Los periódicos reclamos y denuncias de organizaciones que
encuadran a las empresas periodísticas y a los profesionales de prensa no
dejan espacio para la duda. Bajo una aparente ausencia de censura y
condicionamientos, se mueve un submundo de presiones, intimidaciones,
manejo extorsivo de pautas publicitarias (la mayor o menor benevolencia
con el poder implica una relación directa con una mayor o menor presencia
en las partidas presupuestarias), y un sinnúmero de prácticas desleales
que procuran cercenar en los hechos lo que se proclama en el discurso; es
decir, el respeto irrestricto por un derecho claramente establecido en las
constituciones de la Nación y de las provincias. Cuando funcionarios de
cierto nivel agravian públicamente a periodistas que investigan en busca
de la verdad para servir a la transparencia de la praxis política, se
está en presencia de un abierto desprecio por la libertad de prensa, que
no se practica únicamente cuando se alaba. Una deleznable tradición,
celosamente custodiada por la partidocracia, confunde libertad de prensa
con obsecuencia, y todo aquello que pueda perturbar cuanto hace o deja de
hacer es juzgado como un exceso que debe ser reprimido, sea por la vía de
las presiones económicas o por la intimidación larval o pública, como
en el caso de esos funcionarios. Reporteros sin Fronteras sostiene que en
la mayoría de los países, la libertad de prensa "es una palabra
hueca: no existen periódicos independientes y la única voz sigue siendo
la de los medios de comunicación públicos, estrechamente controlados o
vigilados por el Gobierno". Es probable que esa sea la secreta
aspiración de quienes se incomodan por las críticas y las revelaciones
del periodismo independiente. En un país como el nuestro, estragado por
la corrupción, esa forma de ejercer el derecho de informar con verdad
representa una amenaza que debería ser neutralizada o, por lo menos,
tolerada malamente. Es lo que sucede, a juzgar por las denuncias
periódicas que se registran. Ninguna promesa de saneamiento que efectúe
la clase política puede ser efectiva, aunque sea creíble en sus
intenciones, si al fin de cuentas las viejas pulsiones del silenciamiento
o el condicionamiento terminan por imponerse sobre los buenos deseos. Si
realmente posee una sincera voluntad de transparencia, la partidocracia
encontrará siempre en el periodismo independiente a su mejor aliado.
Mientras tanto, la posición que ocupamos en el ranking mundial de
libertad de prensa es, en sí misma, una severa crítica a su azarosa
relación con los medios.
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Fuente:
Servicios
Periodísticos Regionales
DARIO ORLANDO SAGER
B. López 1048
Romang (SF)
Email:
seper@malabrigo.com
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