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Educación, Trabajo y Desarrollo.
El Foco en la
persona humana, el proceso de aprendizaje y el sentido de la existencia social.
Un mejor nivel de formación humana y
profesional de nuestros jóvenes, a través de la integración entre la educación y
el trabajo, es uno de los factores más importantes para contribuir al desarrollo
de nuestra sociedad. El desarrollo tecnológico y económico que tanto se plantea
en nuestro medio, es el resultado de un mejor nivel de desarrollo humano y
social, y no viceversa.
La existencia de múltiples interrelaciones de causa-efecto entre la educación y
el trabajo, conforma una realidad particularmente compleja que intentaré
analizar brevemente.
Si bien existen esfuerzos para insertar los alumnos y jóvenes en prácticas
laborales, pareciera que no hemos hecho lo suficiente, ni desde la educación, ni
desde las empresas o asociaciones, o nos ha faltado lucidez o creatividad para
encontrar caminos más útiles para obtener el provecho suficiente de esta
integración. En realidad, esta ausencia de resultados alentadores es la
consecuencia de un problema no resuelto, mucho más complejo y profundo, que
tiene al ser humano como motor y como eje.
Los valores que recibimos, la forma que nos auto concebimos y manejamos en
relación a los demás y los pilares equivocados en que basamos nuestra
integración y protagonismo social y ciudadano, conforman un cóctel destructivo
de cualquier posibilidad de progreso económico. En la integración entre
educación y trabajo, encontraremos múltiples oportunidades de aportar soluciones
o también múltiples oportunidades para mantener el status quo. En general,
parece que hemos utilizado mejor estas últimas, lamentablemente.
Mientras el hombre en sociedad no sea motivo, fin y circunstancia de nuestras
acciones, no lograremos salir del camino del subdesarrollo, y éste, siempre
acabará comprimiendo las posibilidades de una mejor educación, que es uno de los
puntos de partida del cambio humano, social y productivo. La opción de vida
parece haber sido un extremo individualismo, entendido como un desinterés
asombroso por el bien del prójimo.
La dinámica que genera el individualismo termina socavando las bases de la
convivencia social y provoca no menos de dos efectos nefastos, que son asimismo
causas de nuestro problema: la falta de creencias en nuestras propias fuerzas y
la falta de expectativas favorables en el contexto que nos circunda. Ante ello,
la ausencia de compromiso con el medio y – en el mismo sentido, con el futuro -,
es casi una lógica consecuencia.
Es la persona humana, el único motor capaz de modificar esta tendencia. Es la
educación, el espacio formal de formación para hacerlo. Es el trabajo la manera
de aplicar el aprendizaje teórico para lograr formas productivas de generar
valor para la sociedad. Y es el ser humano, la educación y el trabajo, la triada
muñida de una potencia invalorable, que deberíamos aprender a accionar
finalmente.


C.P.N. Walter Horacio Nardelli
Consultor de Empresas e Instituciones en
temas vinculados a la Gestión y Estrategia. Especialista
en Comercio Exterior. Profesor de Ciclos
Superiores
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